
Me acordé cuando estuve haciendo mi tesis, la cual se tituló “El trato a los prisioneros de guerra en la base militar de Guantánamo después del 11 de septiembre de 2001”. Título largo pero exigido por lo específico del tema.
La materia en cuestión era Derecho Internacional Humanitario, y, en mi Universidad, existía un monopolio en el área de lo internacional por lo que mi asesor tendría que ser el tocayo de un compositor mexicano.
Dicha asignación me tenía un poco perturbado por dos anécdotas poco agradables y muy ríspidas. Sucede que, dicho individuo nos impartió la asignatura “Derecho Internacional” y como trabajo parcial entregué una investigación sobre el terrorismo.
La verdad ahora que lo leo no era muy bueno, sin embargo, la manera en como lo calificó no me convenció en ese momento. Mis compañeros y yo teníamos serias dudas en los criterios de evaluación y acudimos a él para aclarar. Cada argumento que daba era puesto en contradicción y, enojado, arrebató los todos los trabajos y les otorgó un diez (era un porcentaje pero es una manera de explicarlo).
Además de ese incidente, hubo otro más; el joven profesor se dedicaba a explicar divagando. De repente hablábamos de un tratado y después de sus comidas con embajadores y secretarios, explicaba los poderes de un plenipotenciario y terminaba hablando de sus hazañas como litigante.
Me parecía una perdida de tiempo, y la verdad es que en una clase le dije lo que pensaba. Dos amigos y una amiga me apoyaron (les estoy eternamente agradecido). En general le dije que su didáctica dejaba mucho que desear pues quedábamos con dudas, el contesta que no estaba para aclarar dudas y yo respondí “¿para qué está de maestro si no resuelve dudas?”. Esas palabras me costarían el calvario de mi tesis. Ahora que lo veo en otra perspectiva, no me arrepiento, pero hubiese evitado problemas cambiando el tema de la investigación.
Eso se lo comenté a la maestra de seminario de tesis, “no es la mejor opción maestra, tiene fama de rencoroso” a lo que me contesta “no es cierto él es profesional”.
No tuve asesor, la verdad es que todo lo hice solo sin ser la mejor manera. Él lo sabía y cuando se trataba de “corregir” simplemente me decía “está mal”. Pasé así dos cuatrimestres hasta que exploté y fui directamente con la directora de la carrera quien obligó a su alteza serenísima a trabajar conmigo.
En conclusión, el esquizoide amigo que hablaba solo, me hizo la vida de cuadritos aun en mi examen profesional. El muy cabronsete me preguntaba cosas que no venían al caso, preguntas que sabía no iba a contestar como se supone dice la teoría, de eso hay testigos, mis padres y hermana que entraron conmigo al examen profesional. En cambio, “mis enemigos”, fueron bastante claros y no me atacaron.
Decisión unánime, pasé el trámite y casi obtengo mención honorífica (faltó una décima en mi promedio general). La moraleja, no confíes en alguien que habla solo y se parece a Titino.
P.D.
Fui un alumno molesto dese la primaria, siempre cuestinoaba a mis profesores, en conclusión, nunca pude ser el
consen de la
teacher o del
teacher.
Pero siempre hay maestros que no se les cuestiona nada.