sábado, 15 de noviembre de 2008

Miradas fulminantes y sonrisas cuativantes.


Hace un tiempo, estuve en una banda rockera como vocalista, una banda sin ninguna trascendencia; simplemente tocábamos por diversión en una pizzería cerca de Av. Chapultepec.

El punto aquí no es la banda (esa sería otra entrada quizás) la cuestión es la ida a uno de los ensayos. En el camión con rumbo al destino contemplado para cantar, iba sereno mirando el camino cuando sube una mujer que...

Que mujer, ¡me fulminó! Ella iba con una blusa azul, un pantalón entallado y sus ojos, bueno sus ojos eran un delirio inaudito. De ahí surgió una de las rolas que escribí para la banda. El estribillo decía “su mirada cautivó mi débil cuerpo, su mirada cautivó mi herido corazón, su mirada cautivó mi débil cuerpo, su mirada cautivó y me dejó pendejo”. Una rola media mamerta y con ritmo punk, pero el chiste era divertirse un rato y cumplió con su objetivo.

Son algunos ayeres de eso, pero volvió a mi recuerdo porque justo en una fiesta me cautivaron unos ojos tapatíos, y bueno, hice un recuento de las veces en las cuales he sido fulminado por unos ojos tan sublimes.

Además de los ojos, también me quedaría con algunas sonrisas, esas sonrisas fáciles que te dicen mucho, que te hablan de tantas cosas sin necesidad de mencionar una palabra. Una sonrisa también me ha cautivado o me ha fulminado.

En dos ocasiones me he atrevido a platicar con esas mujeres fulminantes y desconocidas. Soy algo reservado y serio cuando no conozco a la gente y no me atrevo con facilidad a entablar conversación, sin embargo, hay excepciones. Es algo así como cuando uno no quiere meterse a una alberca de agua fría; simplemente me aviento y no pienso nada. Cuando me arrepiento estoy a mitad del camino. Lo mismo cuando dirijo la palabra a una desconocida, le digo “hola” y ya no hay retorno, termino cotorreando y, puedo decir, no perdí nada.

Lo mejor, es cuando esa sonrisa o mirada te corresponde o va más allá de la plática trivial, es ahí cuando todo cambia y se convierte en otra entrada.


6 comentarios:

Jo dijo...

esos momentos fortuitos donde hay miradas. intercambio de sonrisas... complicidades que no adivinan los demas, que grato es descubrirse de ese modo...

Carlos Avila dijo...

Te hubieras animado...
Yo me anime a hablarle a la de los ojos bonitos y hoy tenemos una hija con esos mismos ojos...

yorkperry dijo...

se me vienen dos ojos a la mente...

La Rumu dijo...

Sonrisas, sonrisas... siempre me cautivan. Miradas, se quedan más de 2 minutos y comienzan a clavarse. Qué ricura y qué dolor cuándo parten, pero bueno, de eso está hecha la vida.
Saludos ;-)

Sue dijo...

¡Pareciera que está usted a un paso del enamoramiento! =) ¡¡Disfrútelo!!

Sue dijo...

¡Pareciera que está usted a un paso del enamoramiento! =) ¡¡Disfrútelo!!